Es muy común tener “lunares”, estas son estructuras propias de la piel, aparecen desde la infancia en su mayoría. Pueden ser de diversos tamaños, formas, color, estar en cualquier parte de la superficie cutánea, tiene diferentes texturas, pueden tener o no pelo. El nombre técnico de un lunar es Nevo, son estructuras que en su mayoría están compuestas por células del lunar llamadas células névicas, se forman antes de nacer y van apareciendo en la infancia.

En algunas ocasiones un bebé nace con un lunar, por lo cual se le llama Nevo congénito. Muchos de ellos no tienen mayor importancia, pero algunos por su localización (cara o zonas expuestas), su tamaño (nevos grandes) o su aspecto (verrugoso, prominente, con vello), dan una apariencia poco grata y son causa de incomodidad para la persona que lo posee. Muchas veces, son motivo de algún tipo de burla o molestia por parte de compañeros de escuela u otras personas.

Es importante vigilar aquellos lunares que han aparecido desde el nacimiento, aquellos que están creciendo recientemente, que causan sintomatología, cambian el tono de su color o aspecto, y sobre todo que llegan a sangrar por el menor roce. En estos casos, puede haber transformación a un posible tumor maligno.

Se recomienda, que por lo menos una vez al año, acudir al dermatólogo para revisar aquellos lunares que nos parezcan diferentes a lo regular, presentando alguno de los datos mencionados antes y recibir las indicaciones necesarias para un cuidado de la piel y los lunares. O en su caso, si existe alguna anormalidad, recibir un tratamiento adecuado.

Nevo común

Nevo común

Nevo grande en el mentón

Nevo grande en el mentón

Nevo congénito en el borde mandibular

Nevo congénito en el borde mandibular